“Aníbal Superstar”, por JULIÁN HERBERT

anibal-cruzando-los-alpes

Yo no sé cómo amar a un elefante.
Me da igual si lo dijo Daktari
Yvonne Elliman
P. T. Barnum

la mamá de Dumbo meciendo al cachorro a través de los barrotes de una cárcel con ruedas

Tito Livio en sus Décadas de la historia romana
wikipedia
cualquier otra siniestra criatura que hoy le informa a este mundo hacia dónde
sopla el nudo corredizo:
yo no sé cómo amar a un elefante.

He cambiado.
He cambiado un spot por una
quemadura.
La quemadura es el lenguaje con que juro, manos abiertas sobre el hielo.

La quemadura máquina de guerra,
huellas de paquidermo sobre la nieve de los Alpes.
Soy un guardián y dos cabezas.
Con la primera perdí dos guerras púnicas.
Con la segunda triunfé en la batalla de Cannas.
Sueño todas las noches con
mi hijo. Yace
sumergido en su madre; es
un gladius o un diente empollado
o una bolsa de transfusión.

Sueño que una serpiente de leche bronca y sombrero duerme debajo de mi studio couch.

Sueño estúpidos colibríes secuestrados por el ámbar tragaluz de una mansión en ruinas.

Sueño que un sacerdote encapuchado de gangsta lo besa y lo amaga empuñando una Uzi.

Sueño que juntos apedreamos a una adúltera llamada Escipión el Africano.

Mi hijo, rayo púrpura en la mano de Baal,
atraviesa la nieve
armado de su lanza y montando un elefante.

Yo lo espero en el quirófano: cuatro cambios
de ropa, toallas húmedas, una
mantilla blanca…

Y ahora el circo: grandes masas de carne machacada en Sagunto, Iliberis, Ruscinón.

Y ahora precipicios: las piernas de mi mujer abiertas a la masacre.

Y ahora –me indica lo que llaman
el destino (voz en off; locutor; una
antístrofa)–
el mensaje de nuestros patrocinadores:

Según algunos, habiendo reunido a los elefantes en la ribera del Ródano, irritado el más furioso de ellos con su conductor, le persiguió en el agua, por lo que el hombre huía a nado, de modo que arrastró dentro del cauce a todos; ahora bien, en cuanto cada uno de estos animales –que tanto temen al agua profunda– perdió pie, la misma corriente le llevó a la otra orilla.
(Tito Livio)

Turba de aminoácidos tu nombre,
Aníbal,
yerno de Asdrúbal, hijo
de Amílcar Barca.

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