“Soliloquio”, por JUAN OJEDA

desesperante

Para el que ha contemplado la duración
lo real es horrenda fábula. Sólo los desesperados,
esos que soportan una implacable soledad
horadando las cosas, podrían
develar nuestra torpe carencia,
la vana sobriedad del espíritu
cuando nos asalta el temor
de un mundo ajeno a los sentidos.

Qué esperarías, agotado de ti
o una estéril música, cuyo resplandor al abismarse te anonadaría.
Pero tú yaces oculto o simulas alejarte
De lo que, en verdad, es tu único misterio:
en la innoble morada de la realidad
nutres un sentido más hondo,
del que ya ha cesado todo vestigio humano.
Y destruyes
el reino de lo innombrable, que en ti mismo habita.

¿Qué esperarías? ¿Sólo madurar, descendiendo,
en una materia más huraña que el polvo?

Nada hay en los dominios frescos
del sueño o la vigilia.
Así
he considerado con indiferencia mi vida
y ya debemos marcharnos.

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