“El día del fin del mundo”, por JORGE TEILLIER

calaveras iluminando noche

El día del fin del mundo
será limpio y ordenado
como el cuaderno
del mejor alumno del curso.
El borracho del pueblo
dormirá en una zanja,
el tren expreso pasará
sin detenerse en la estación
y la banda del regimiento
ensayará infinitamente
la marcha que toca hace veinte años en la plaza.
Sólo que algunos niños
dejarán sus volantines enredados
en los alambres telefónicos
para volver llorando a sus casas
sin saber qué decir a sus madres,
y yo grabaré mis iniciales
en la corteza de un tilo
sabiendo que eso no sirve para nada.
Los amigos jugarán fútbol
en el potrero de las afueras.
Los evangélicos saldrán a cantar a las esquinas.
La anciana loca paseará con quitasol.
Y yo diré para mí mismo: “El mundo no puede terminar
porque las palomas y los gorriones
siguen peleando por la avena en el patio”.
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