“La lección de canto”, por EDUARDO PADILLA

cangrejo comiendo fideos.gif

Hablando del Cangrejo,
querido niño…
¿sabías que sus pinzas
son así
sólo por ti?
Su forma es el fruto que cae de un árbol;
el árbol sale del amor
entre la Gravedad
y las curvas del mundo
por el que hoy resbalas contento.
Pero ese amor es más que
sonrisas
entre una pelota
y una señora invisible.
También hay que tomar en cuenta
el costal cobrizo
donde caben todas las cosas
con las que los amantes
arman al cangrejo.
Podrá parecerte, la envoltura de un molusco,
demasiado brusca
y te preguntarás cómo pueden dormir así,
con la armadura puesta.
Es normal que pienses
que es mejor tener piel de niño
que piel de cangrejo
pero no debes sentir pena por él.
Él es feliz siendo lo que es pues no sabe
que se puede ser otra cosa.
¿Sabes que un cangrejo es como un suéter
tejido por una anciana?
Sólo que no está hecho de estambre sino de
enlaces químicos
que van enredados del cuello unos con otros.
Es una familia de enanos
bailando alrededor del fuego
en un claro del bosque.
Cada uno tiene un nombre
y una opinión sincera
sobre cuál es la mejor manera
de asar malvaviscos.
La forma de la pinza es admirable.
Quiero que aprendas a verla.
No es nada fea, lo que pasa es que tiene
un gran corazón, el cangrejo,
y su amor se le sale por las pinzas.
Parece un gran accidente, tal vez.
Una cadena montañosa
en un planeta lejano donde todos se odian.
Pero esto es porque el cangrejo, te digo,
quiere mucho al mundo
y cuando lo coge ya nunca quiere dejarlo ir.
Es como cuando yo te agarro
y te detengo
y te levanto alto sobre el altar de mármol.
Recuerda la capilla junto al mar:
tenía una cúpula, tenía una bóveda,
y su nervadura era tan bella
como las pinzas de un cangrejo.
Si el cangrejo te levantara sobre el altar,
es verdad,
te cortaría en dos
—¡snip!—
te cortaría en dos aquí, por la cintura.
Pero eso es sólo porque el cangrejo te quiere mucho
y te quiere cerca, para poder admirarte.
Sabes, su amor viene desde un lugar muy lejano.
Viene con demasiada fuerza.
Y sus manos cortan.
Y tu piel es suave.
Por eso hay que darle las gracias.
La forma de sus pinzas es un tributo
a tu propia forma,
que es divina.
Y todos queremos coger a Dios
y ya nunca dejarlo ir.
Ahora, mírame bien.
Yo también tengo un corazón,
querido niño.
A mí también
podrías aprender a admirarme.
Pues cuando te levanto alto
y te sostengo
mi pulso es firme.
El dorso de mi mano es rugoso
y cuando oscurece
mi puño podría aplastar cualquier pinza.
Pero mis palmas son suaves.
Sí, mi corazón no es tan grande
como el de un cangrejo,
pero mis palmas son suaves
Mis manos son así
sólo por ti.
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