Sobre el origen de “El dinosaurio” de AUGUSTO MONTERROSO

En realidad, el relato microscópico más justamente famoso de las literaturas hispánicas, y posiblemente del mundo, es el que aparece en la obra titulada Obras completas (y otros cuentos) del escritor guatemalteco, afincado en México, Augusto Monterroso.

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Por cierto que, aun con el riesgo de enturbiar las oníricas, prehistóricas o terribles evocaciones que suscita tan magistral microrrelato, voy a aprovechar la ocasión para transcribir un fragmento de conversación con Juan José Arreola, en el que el escritor mexicano me contó el origen, concreto y prosaico, del famoso cuento del dinosaurio:

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… vivíamos allí, en aquel departamento tan chico, tres amigos. Ernesto Mejía Sánchez, José Durand y yo; y uno de ellos tenía necesidad de comunicación, siempre tenía que contar todo lo que le pasaba en el día. Generalmente, en ese momento de su juventud, eran penalidades de carácter amoroso; él batallaba mucho con esto y nos desvelaba, y a veces cuando ya estábamos nosotros dormidos —Mejía en el cuarto y yo en el hall en su camastro, muy moderno pero camastro al fin—, llegaba este hombre, a veces en la madrugada, y entonces hacía que se tropezaba y ya despertaba uno: «¡Ay!, ¿qué te pasa, José, qué te pasa?». Y él empezaba, «¡Ay!, que te tengo que contar…». Y nomás se sentaba a la orilla de la cama, uno estaba acostado y Durand se sentaba al lado y empezaba a contar qué le había pasado y uno se dormía… y no sabemos si se daba cuenta o no, pero él seguía allí hablando y a veces uno de los dos se despenaba y estaba José Durand, que era muy alto —casi dos metros— y todavía estaba a la orilla de la cama. Y un día me dijo Ernesto Mejía Sánchez: «¿Sabes que cuando desperté todavía estaba allí este dinosaurio?». Ernesto se quedó dormido y el otro no se levantó. Y Tito* lo sabía, porque a él también le pasaba. La idea era que uno se quedaba dormido, y Durand, aunque te viera dormido, no se levantaba ni se iba a acostar, se quedaba el amigo allí, a la orilla de la cama… Ya ves, el origen del cuento es completamente concreto, porque como Durand era muy alto, se le decía de todas las maneras: «dinosaurio», por ejemplo.

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(En La mano de la hormiga, Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas. Selección de Antonio Fernández Ferrer.)

*  Apodo de Augusto Monterroso dentro del grupo de amigos.

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