“Llaktayuk”, por JAVIER CEVALLOS PERUGACHI

giphy (17)

Eres oclusión sorda, articulación palatal, gorgeo en movimiento.
Tu vida se ahoga a paladas en una tierra que te desconoce como a un padre siempre ausente. Implante rechazado en el cuerpo moribundo.
El rostro que recuerdo apenas se compadece de mi nostalgia.
Golpear,
destruir,
afilar las narices hasta verse más blanquito; pintarrajear los muros centenarios; patear los basureros hasta convertirlos en muñones de ciudad.
Hasta que se calle el indio, longo, rocoto, rosca…
A mi abuelo lo dejaron lluchito, cortado hasta lo más íntimo. Por ahí se quedó – o, a lo mejor, por ahí lo dejaron –, indefenso ante su propia vergüenza. Allí persistió el apu, el antiguo, el carnicero de su propia memoria.
¿Cómo odiar en los límites de la istoria?
Como si fuese un cuento mal contado, o una frase soez que no nos atrevemos a finalizar: Peru… Peru… Perugachi. Sonido tan inoportuno como el de la piedra que cae en un lago imposible de ubicar, sin mapas, ni registros, relegado al incomprensible orden de lo narrado.
Kay quritachu mikhunki?
La waka es permanente herida en el corazón del cerro. Casa de los muertos. Infierno particular. Estos son sólo cimientos. La historia juega burlona en los intersticios de la piedra pobremente labrada: te avergonzarás, te acholarás y no atisbarás siquiera el mundo que te fue arrebatado. Pobre bastardo de la historia, hijo expósito que dormita bajo el dintel de un monasterio cualquiera en una ciudad cualquiera. ¿Qué te queda? Iglesias áureas, narices montadas, cabellos lacios y puyosos. Longuito mío, mapiosito mío. Perdiste el corazón enredado en mullos rituales, lo sacas a pasear vestido con sus mejores galas cuando el tiempo marca el tiempo de los muertos. Lo emborrachas de chicha, de chawarmishki, mientras sollozas como borrachito mismo por su pérdida irreparable. Carcosito. Amaneces embriagado en una esquina del cosmos incomprensible, en un tiempo que ya no es el tuyo: los ropajes serán distintos pero nunca dejarás de ser un descalzo. Llapanguito mío. Prostituta de los procesos históricos, descastado que va hipando la falta de un padre, hijo de una madre que no atina a reparar sus propias necesidades. Hijito no deseado, wakkharito. ¿Qué haces vos aquí? No sientes esa constante certeza de ser el equivocado, el último grano de maíz negro que será ofrendado a los antiguos. ¿Quiénes son los que te precedieron? ¿Por qué te dejaron este mundo de mierda? Las palabras no alcanzan. Todas las lenguas son yanka shimi. Tal vez la respuesta sea una lengua doble, una conjunción de sonidos: el indio ladino universal. El lengua de todas las lenguas. Ven, hijito, sácate esas ropas que te condenan a la tierra, sé abogado, habla bonito, usa tu mishki shimi… Así tu interior sea más agrio que la fruta no domesticada.
José Ignacio Perugache, lejítimo
En la parroquia de Imantag á dose de Febrero de mil nobesientos treintiuno, yó el infrascrito Cura ynterino de esta parroquia Bauticé Solemnemente al niño José Ignacio Perugache, nasido el onse de los Corrientes, hijo lejítimo de Manuel Jesus Perugache y de María Santos Remache mis feligreses, siendo sus padrinos de Bautiso José María Liquenchana y Josefina Taya, a quienes adberti sus obligasiones y parentesco que an contraido tambien son mis feligreses.
El Parroco
[Firma ilegible]
La iglesia cristiana, kurikancha del conquistador, brilla con cierta sorna como si de repente todo ese pan de oro se disolviese en una niebla suave dejando ver el sangriento texto de bol de armenia que subyace bajo las láminas. ¿Es cierto todo esto? Todo ese oro y yo que tengo que vender mi pellejo por las esquinas de esta ciudad malvada. Kay kuritachu mikunki? Tanto desear para recibir nada nada nada. Llapanguito. Apenas pintura despreciada por un rey idiota, condenada al anonimato de la muestra permanente de cualquier museo de metrópoli. Apenas curiosidad etnográfica que no ha merecido tan siquiera una cartilla correctamente redactada. Llapanguito, prostituta de Quito. Tan sólo por querer agradar, por intentar ser quien no eres. ¿Pero entonces qué? ¿Conformarte con el párrafo borroso que el gran libro de los hechos memorables guarda para ti? Yupaichani mashikuna. Mi vejez tendrá una mueca burlona, una lengua que no podré controlar. Yanka shimi.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s