“Rimbaud”, por FÉLIX DE AZÚA

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El poeta Arthur Rimbaud abandonó la poesía a los veinte años, viajó al continente africano, y dedicó el resto de su vida al tráfico de armas en Abisinia. Esto es lo que cuenta la leyenda. Lo que cuenta la historia es matizadamente distinto, pero resulta irrelevante para nuestro propósito.

Pongamos que, en efecto, Rimbaud fue tal y como lo cuenta la leyenda.

Rimbaud es a la poesía del siglo XX lo que la máquina de vapor es a los transportes del siglo XX. Gracias a Rimbaud, prácticamente todo el mundo puede ser poeta o codearse con uno de ellos, del mismo modo que ya no hace falta ser un marqués para viajar en coche de caballos. Rimbaud es el primer efecto de masificación de la lírica.

Sin embargo, lo que Rimbaud inventó no fue un nuevo modo de concebir la poesía, sino un nuevo modo de concebir al poeta. Y muy a pesar suyo. El modelo vanguardista de poeta (MVP) inventado por Rimbaud ha tenido un éxito apoteósico.

A diferencia del modelo clásico de poetas (MCP), que era un hombre culto que leía en latín y en griego, sabía de memoria libros enteros, y era moderadamente rico, el MVP puede ser un perfecto analfabeto y muy pobre, aunque Rimbaud nunca lo fue, ni mucho menos. El MVP puede ignorarlo todo y sólo precisa de dos virtudes: una capacidad de autodestrucción acentuada y otra no menos acentuada capacidad de autoestima que le permite exhibir con desparpajo su autodestrucción como quien muestra una gracia. Con eso basta.

El “efecto Rimbaud” es un traslado o emigración de la lírica, la cual viaja en la voz y la escritura hasta la vida misma, en donde se desintegra en miles de pequeños efectos sensoriales pero intransmisibles. Un MCP, como Góngora o Machado, sólo es observable en los escritos. Un MVP es fundamentalmente observable en la vida común y corriente, como por ejemplo, en un escenario, bañándose en las playas de Marruecos, y así sucesivamente.

Rimbaud abandonó la poesía y se refugió en Abisinia con el sano propósito de ganar mucho dinero lo más rápidamente posible y volver a su pueblo, Charleville, convertido en un potentado. Pero el MVP actual no tiene necesidad de viajar a Abisinia. Es más, si viaja a Abisinia corre el peligro de ser olvidado por todo el mundo. El MVP actual ha de estar presente, constantemente presente, mostrando su sufrimiento e incomprensión, y ejerciendo de Gran Rechazador. De ahí que las abisinias del MVP actual sean las drogas, el alcohol y el rock and roll (aunque muchas veces se queda en el tabaco, la cerveza y unos discos), mucho más fáciles de obtener que un billete para Abisinia.

Aunque su éxito ha sido general, el MVP ha alcanzado la mayor repercusión entre los compositores de música para inmaduros, y también para algunos maduros en su vertiente llamada jazz. Aunque ha habido poetas escritores que han elegido la durísima carrera de MVP (casi todos franceses y norteamericanos), como Antonin Artaud, Jack Kerouac o Charles Bukowski, los que en verdad han seguido mayoritariamente, masivamente, el modelo han sido los poetas-actores, los poetas-rockeros y los poetas-fórmula uno.

Algunos MVP como James Dean, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison (hay mucha jota entre los MVP), Billie Holliday o Charlie Parker, forman parte del panteón de la heroicidad artística, junto a los héroes del panteón ético encabezados por Ernesto “Che” Guevara y la madre Teresa de Calcuta. Descubrir rasgos de MVP en la madre Teresa de Calcuta me parece una tarea preciosista. Deben separarse los modelos, o nos e entiende nada.

Uno de los MVP más llamativos, Jim Morrison, escribió una carta a Wallace Fowlie en 1968 agradeciéndole la traducción al inglés de Rimbaud con una bella carta. I needed it because I don’t read French that easily, añadía con inquietante inocencia. No sabía que esa traducción iba a costarle la vida. Se mató en la misma calle donde, años atrás, vivía Baudelaire.

Véase que en todos los casos de MVP la “vida”, es decir, la existencia fenoménica y administrativa del personaje, se carga de significado y se alza exponencialmente a la lírica gracias a una contradicción interesante. Por una parte, un MVP no da la menor importancia a lo que está haciendo (música, drama, poesía) ya que para él eso no es un “trabajo”; pero por otra, el MVO es destruido por esa actividad artística a la que se entrega apasionadamente.

Si a cualquiera de ellos se le dice que es un “gran profesional”, lo más probable es que se ofenda y se horrorice, ya que un elemento esencial del MVP es el desprecio por la tarea, por el trabajo, por el esfuerzo, el sacrificio y el oficio: es imprescindible que el MVP desprecie la condición humana (el MVP no admite condiciones). Pero todo MVP se entrega como un poseso a la tarea que le destruye (música, drama, poesía) e incluso a alguna tarea, como es el caso de los cabezas rapadas y otros grupos de MVP sin actividad determinable.

En mi opinión, el MVP está repitiendo ritualmente, lo sepa o no lo sepa, la pasión y muerte de N. S. Jesucristo –a quien cabría definir como un paleo-MVP-, de tal manera que nadie pueda acusarle de aspirar a reformar la sociedad (sometida a la dictadura de Roma) o a tomar el poder, sin que por ello deje de dedicarse en alma y cuerpo a reformar la sociedad y tomar el poder, hasta ser destruidos (por la sociedad y por Roma).

La militancia reformista puede presentarse en forma muy sutil y con gran refinamiento socrático (James Dean, Charlie Parker), pero la exquisita composición de una “figura de rechazo” como forma suprema de artisticidad, es indudablemente MVP y yo creo que de un esteticidad de enorme contenido intelectual, fácilmente analizable. Hay una rica graduación en la “figura de rechazo” del MVP que va de la grosería misticoide (Pollock) al efectismo de laboratorio (Michaux), pero falta todavía el estudio definitivo del arquetipo, quizás por ser tan reciente. Téngase en cuenta que es un modelo que apenas acaba de cumplir los cien años.

El síndrome criptocristiano, a saber, que sólo es santo quien despilfarra su vida terrena con fines trascendentales y sobrehumanos, pero también que las actividades veterotestamentarias (ganar el pan con el sudor de la frente y parir los hijos con dolor) es cosa de pobres y tercermundistas, está muy extendido entre los MVP y hace un daño enorme, tanto a los MVP como a todos los que caen cerca suyo.

El máximo culto al MVP lo ejercen algunos Estados interesados en dar una imagen heroica de sus altos funcionarios. El Estado francés (el Estado con más poder de todos los Estados europeos, incluido el español) mitifica sin continencia a los MVP. Jack Lang, el más pintoresco de los ministros de cultura que ha producido el Estado francés, envió a su primer ministro, Rocard, un poema de Rimbaud “L’ Èternité” animándole a enviar otro poema de Rimbaud a algún amigo, y así sucesivamente hasta que los poemas de Rimbaud ocuparan el mundo entero. Rocard, hombre serio y práctico, leyó horrorizado la carta y la arrojó a la papelera. Nunca más volvió a dirigir la palabra a Jack Lang. De este modo se frustró una invasión del MVP francés a escala mundial.

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2 Respuestas a ““Rimbaud”, por FÉLIX DE AZÚA

  1. Es un artículo fantástico para leer con un café, y pensar como arrojar nuestras vidas.
    ¿Acaso no es la la forma de encajar a todos los seres que alguna vez amamos en casillas lo que psicológicamente buscamos? y que se encuentra en este artículo… Los escritores mencionados allá arriba, pues nos pertenecen a la humanidad, todos soñamos y vivimos gracias a ellos. Excelente selección, un gran abrazo.

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