“Muerte de Mano de Piedra Durán”, por JOSERRAMÓN MELÉNDEZ

duran-vs-cesar-chavez

Desde nunca fue boxeador el mostro, el asesino.
Del limpiabotas
i el canal tajeando la lengua del nuebomundo
exaltó su duresa mineral
asta la blanda colchoneta con sogas qe ibnotisan las miradas
como chiringas sustituyendo sueños
de los qe friegan botas todabía
i el capitán qe espera con su dólar.
“Mano de piedra”, su pesuña de toro,
cabesaso de tiburón ambriento,
como su pueblo
i sus olas
saqeadas, no era
la mano dúgtil a la tégnica
qe da marca al prestijio i reseta a la sangre
o al instinto: Era América
qe subía al ring araucana i cheyén
i yucateca i samba i cuarterona,
dibidida por la antropolojía como caja de insegtos
pero reunida al fondo
senital
de la sangre
qe fluge como un río o
como una cordiyera o
como un mar qe canta
su borla continente de champán selebrando:
—¡Durán, Durán!—
gritó ese pueblo tanto, tanto
qe cayaron los críticos teóricos,
recojieron sus opiniones de monóculo,
desamarraron el diqe de su sangre,
los emisferios de sus serebros tajeados
como un canal qe dibide el mismo idioma,
¡ gritaron también: —¡Durán, Durán!—.
Pero no se podía
eternamente bibir de los instintos, porqe la propaganda
¡ los filósofos, tan sutiles i siniestros
como la sangre aqeya qe atajaban,
fabricaban su estanqe:
Cresen las marcas como estatuas ecuestres,
bensen pasientemente los treidmarks,
entra la moda en casa del más pobre,
cobran consenso los telebisores
más numerosos qe el boto del partido,
¡ perdemos de inéditos:
Murió Durán.
Cayó en las bocas la señal de la sangre.
Un ombre interbenido por los sabios,
un bisniesto de un esclabo del imperio,
como se qita la piedra del sembrado
para la plusbalía del patrono,
probocó la caída de su mano.
Nosotros cultibanos monolitos,
nosotros admiramos uniformes;
eyos nos mancan manchándolos i matan
la comunión sangínea de los símbolos:
Los números le enseñan muchas cosas
más qe a aser los canales i a amaestrarlos.
Durán murió i qedó la ueya de su sueño
como una realidá más infinita
qe todas la taqiyas del Caesar’s Palace
juntas i echas dibisas
para comprarnos la materia prima
de aser los uniformes de yogear, i de matar,
i de bendérnoslos.
Segimos abitando los instintos,
segimos abitándonos por dentro,
ablándonos con el ansestro más íntimo,
mientras eyos conqistan las estreyas.
Un día nuestras palabras serán astros
qe abitarán la sangre de los pueblos
qe somos, tendremos nuestra galaxia
como qeremos: sin números con yantos
i risas con el alma, con el alma.
Ya el otro será un pueblo como el nuestro.
Biembenidos los símbolos muriéndose,
tendremos qe pelear nosotros mismos.

 

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