Fragmento de “MEA VULGATÆ”, por LUIS CARLOS MUSSÓ

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crónicas 1 – 7

I

1 si mucho antes de nacer fui mousseaux. si el abuelo cascarrabias se hartó de ordenar para la aduana las letras de su nombre / las de sus costillas / las de su entera fantasmagoría.

[ abuelo: tu rostro borroso como mancha trazada con mi dedo infantil y grasiento sobre esa fotografía de cuerpo sepia y bordes rumiados por el terror ]

2 si el paquete accionario del cuerpo –anegado en pentotal sódico– traquetea aquí abajo, como allá arriba los truenos desbocados.

3 será entonces su voz como el océano abisal, que me lleva sin que me dé cuenta hacia lo profundo, hacia el lugar donde no es delicado perder[se].

4 y la luna, como una hostia, entrará por mi boca y barrenará poco a poco mis vísceras hasta la mitad / entre matisses y klimts a medio digerir; iluminará –ariete de pájaros que picotean mi voz– esas autopistas interiores hasta nacer de nuevo, rasmillándo[se].

5 si la primera vez que vi al abuelo cascarrabias fue en una foto de la crónica en la prensa, fue porque las ratas acabaron a dentelladas con la paja seca de la infancia.

2 abismo y ceremonia
…tus refranes me hacían reír
w. colón / h. lavoe

II

1 zoila me mira desde su tiempo con sus retinas pertinaces. y en cierto punto de su letanía, mi infancia camina desyerbando su respingo.

2 escinde –como un afilado ecuador– las plantaciones de almácigo y avanza entre esos hemisferios que son pastizales a siniestra y diestra, en ondas concéntricas como trigales chamuscados por naves que nadie vio jamás.

3 ahora que esas retinas pertinaces suscitan la oscurana / y las ventajas infinitas de mi caos / y la tempestad de bach en mis oídos.

4 ahora que se despereza la hiedra de menta que ortiga mi sexo y se descuelga como una ordenanza de plata, también pertinaz. ahora –y solo ahora– los prodigios de la química se hacen lugar entre los clorhidratos y los anhídridos.

5 nunca es la misma la reacción de los elementos. pero zoila me mira desde su tiempo con sus retinas pertinaces que prolongan su historia más allá del tiempo en que fue madre de mi madre.

III

1 si añades callejones de música a las galerías que excava el gusano en la fruta enmohecida que es esta carne / si le dieses pasos al juguete que marcha al son de la pulpa muerta / y una voz que rememore / y un reflejo que las aguas se lleven tejido como en un raído tapiz medieval.

2 si el clarín opaco que guardo bajo la axila me obligara a naufragar en el fondo de los espejos, cuando el deseo husmea su propia cloaca y se muerde la cola / si resbalara como una piedra por el ideograma de tus canciones niñas / y solo pudieras amacarme entre tus costillas, como a una promesa recién nacida, zoila.

IV

1 puñados de tierra clausuran la bullaranga de esta mi fogata particular.

2 un espejo entre nosotros crece revistiendo la progresión de la sangre / deteniendo la travesía de los emisarios de la fiebre en mi país.

3 amaría tener posesión de tu nombre / hincarle una pica con su estandarte aún entero, mientras deambula por la pátina del invierno.

4 piaras desbocadas avanzan entre los brazos de la muerte que sigue su curso hasta plegarse una y otra vez, semejante a un ojo encerrado en sí mismo.

5[ en la desnudez de la piedra pómez, varón que has engendrado, se resuelve el fósil de la pluma ]

6 ebrio, más ebrio, decías tú, por haber renegado de la embriaguez. curador de la galería que habito, curador ensillado bajo las mismas lámparas que me inocularon la intrusión, la errancia, la tortura de la piedad.

7 aquí, en las seniles provincias del alba. a la hora de las lápidas agotadas con la extranjería de los pordioseros, aún te nombro.

V

1 en el signo del hábito está el cieno que un crepúsculo esquizo expone en su vidriera / y yo me encargo de sus amarras por tu nombre de lianas y perdigones.

2 canción de aurora

[tu país es, por extensión,
el extenuado y terroso nombre de tu madre]

3 madre, es holgada la noche y tus vísceras plateadas por la luna son un mapa de andurriales eslabonados entre sí y desplegados hasta convertirse en salmos raídos y discretos.

4 madre, es holgada la noche y hasta los pájaros se alzan de hombros ante mis palabras / éstas que se desvanecen a tus pies igual que las aguas del hudson -que son las mismas aguas del guayas, y las aguas del yangtsé y las del zambeze-.

5 madre, es holgada la noche y, cantando lo que hago y bailando lo que no -al estilo de cummings-, reconozco algo sabio en tus vísceras plateadas por la luna / y admito que nunca había hurgado en ellas como debía / nunca había hurgado en ellas ni en su mapa ardoroso como una colmena en ayunas.

6 madre, es holgada la noche / y mientras transpiras halos viscosos – confusión, luminiscencia–, en esta noche, me sitia -sin secreto- tu recuerdo como un tsunami que me abisma y me tumba en riberas de cobre y sacramentos de agua salada y paisajes decapitados que llegan a tatuarse sobre esta ósea canción.

7 aún cuento con los viejos recursos –de algo me sirve el deus ex machina–: aurora está conmigo, siempre.

VI

1 porque germina entre mis humores una goleta en los ojos del color preciso. germina una flota completa en esos ojos terracota oscuro irisado # 3 –yanbal dixit–. son los ojos de andrea. Y en su tono hay más muerte que en la amañada mirada del caimán.

2 trampas en número par, cenotes a los que me dirijo / camino hacia ellos por el puente de borda de la goleta insignia / de la chalupa indigente / de una hoja de mangle que flota sobre el estero.

VII

1 oscilan las verdades, rebanadas en juliana. y cuelgan de las ramas del sauce llorón. te asomas al alcohol y a las astillas quebradizas de su pathos. te asomas al sonido que hace la arena cuando olga maría la recorre.

2 y alojadas esas mañanas claras en nuestras sienes, como navajas radicadas en su mejor tiempo, y haciendo su fuego helado en cada claro y pliegue de tu cuerpo:
en éste
en éste

y en éste también.

3 a la tormenta le debo estas pupilas confitadas que siguen un tren cargado de betún repleto desde el cabuz hasta su locomotora. también es de la tormenta la espera, ese género literario en que los oficiantes aguardan para pulir sus desnudas palabras con neurosis interminable. y es del tiempo en que soñarte y verte duplicada en el espasmo de los espejos son la misma cosa.

VII

1 crónica postrera del abismo/ elecé

tu mirada, padawan, deja en mi frente un hilo de plata como el llagado rastro del caracol; descarrila, doméstico alcanfor, los vagones y el cuarto de máquinas de este oleaje que danza renqueando piel adentro. se aproxima al proyectar desde sus torreones un axioma que habla de barcos fantasmas y riberas que presienten la pátina en su humedad, como labios –si tu oído prensil captura el canto de la ballena en sus trabajos de apareamiento, los vahos del umbral escriben a fuerza de promesas un magullado cantar de gesta–.

2 a veces, la chamusquina ronda entre pavesas que des/tejen una telaraña fosforescente –con gotas de mercurio que semejan el rocío–. a veces, atragantado con la gorga, o con la voz envuelta en escayola, no logro progresos a la hora de desmadejar estos laberintos –laborioso me resulta impedir la combustión de la yesca–.

3 el abismo te trae el experimento:

[mira a tu hijo recién nacido durante unos instantes / retírale la vista de encima y ahora haz rodar los ojos en el hueco de tu pecho / quítale el número que pensaste: a eso equivale el vacío duro]

4 pero el relato de elecé vuela como una gárgola que custodia los días y las noches / de ruido blanco se trueca en voz anclada con metálicas
raíces a mis vísceras, y zarandea las espadañas de mis lagos en una consumada alternancia de luz y oscurana que hace resonar estas opacas palabras de cristal:

larga es la espera, no he terminado de soñar contigo.

IX

1 crónica postrera del abismo/ javiera

porque la culebra que hay en tu sonrisa me hinca los caninos en la nuca desde que tus miedos se confunden con mis miedos / los que se balancean pendiendo de los algarrobos con estrías infinitas que crecen por la noche.

2 porque tú y yo apenas intuimos ese idioma, pero hablamos con sus dolores

3 porque un sol de papel incinera –con la punta de sus hielos– al bosque demacrado, pero aun así los dinteles del espejo me subsumen junto a esos otros relatos de la sangre / porque hay varias versiones de la llama en tus ojos, los que diagraman el plano de una cárcel mística / sencillamente porque tú / Y sé que te acosa el terror, y te digo: “tranquilidad, te espero en el lenguaje” / “Ya te he alcanzado en el lenguaje”, me dices, “entonces, ¿por qué el terror sigue aquí?

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