Aforismos de GESUALDO BUFALINO

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Las banderas: pañales para pueblos infantiles que mojan la cama. Ya que algunos mueren todavía por creer en ellas, se debería hacerlas rotar cada día, prestar, qué sé yo, el tricolor a Madagascar, a Italia la medialuna.

El único consuelo en vísperas de ciertos duelos electorales entre dos candidatos es que al menos uno de los dos perderá.

Sospecho una pizca de vanidad en mis arrebatos de angustia.

Antes del naufragio lanzar, con las coordenadas incorrectas, la propia minúscula botella en el mar.

No hay razón para que una idea regada con la sangre de los mártires sea menos estúpida que otra.

No hay escritor que no se parezca a la serpiente del Edén. Sólo que a menudo la manzana está podrida.

¡Qué vergüenza, después de una honorable carrera de masoquista descubrir que me quiero mucho!

Para distraerse de la muerte el hombre inventó la historia, es happening de un centavo.

Ninguna pasión arde si no la alimenta, de vez en cuando, la mala fe.

Como todo feo, siempre he sido objeto de pasiones desinteresadas.

Rumiar el mal sin atreverse a cumplirlo… Así se forman las vocaciones poéticas.

La impaciencia de Dios por publicar el mundo no deja de asombrarme. Cosas así se guardan en la gaveta para siempre.

El traductor es con certeza el único auténtico lector de un texto. Sin duda más que cualquier crítico, tal vez más que el propio autor. Porque de un texto el crítico es solamente el fugaz pretendiente, el autor el padre y marido, mientras el traductor es el amante.

Quien abusa del propio ingenio no merece misericordia.

La calumnia desinteresada es, en quien la propaga, indicio inobjetable de talento literario.

Quién sabe por qué la literatura ha sido invadida por ese principio de modistas según el cual es sublime el sombrerito que se lleva este año y ridículo el de los años anteriores.

Una reseña destructiva es la base más sólida de una amistad.

Que se vayan las Ariadnas hilo en mano; los insoportables pájaros nictálopes, listos a horadar con los ojos la noche y a explicárnosla… Cuando lo que me gusta es nadar a ciegas en cada caldo de tiniebla; las caídas aparatosas, los ires y venires infinitos y nutritivos del laberinto.

Hay seres desafortunados, cuya única ambición en la vida es perfeccionar el desastre.

Nerval antes de ahorcarse, en un papelito a su tía Labrunie: “No me esperes hoy porque la noche será negra y blanca”. Negra y blanca, así se imaginaba él la noche y la muerte. Dos colores impecables, los mismos donde la vida debió originarse cuando un rayo, deslumbrante, separó las tinieblas de la eternidad.

 

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