“Todos somos el último romántico”, por JORGE AULICINO

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¡En esa compleja metáfora, agitando el fondo,
estabas tú!, Bécquer me grita bajo las arcadas
de un viejo mercado a oscuras y vacío. Que esto
explique el uso del “tú” provenzal en el siguiente texto:

Como una mantarraya, como una anguila,
te movías chupando y oscureciendo la sal,
la arena, los restos, los viejos neumáticos hundidos.
Manta birostris,
elegante en aguas oscuras
y narcisista fugitiva.

-No es esa mi función -repuse-.
Llevo en mi sangre un monumento gótico,
alzado como esa lanza mora en tu linaje.
De las mismas arenas, por distintos rumbos,
llegamos a los hemistiquios godos.
Y cuando rocen los siglos ululando
nuestras sienes en un combate semi-trágico
en Andrómeda o en los límites, al menos, del Sistema,
seremos aún africanos, Gustavo Adolfo, tras el vidrio
esmerilado y la radiación infrarroja de tu escudo.

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