“Decir amor es no haber leído las instrucciones”, por JUAN JOSÉ RODINÁS

My Lonesome Cowboy

 

Cierto vagón de metro se dirige hacia abajo en el tiempo:

y es como no ir en el tiempo. Patinadores melancólicos

que sabían el procedimiento para poner bastidores

y enmarcar la belleza en 28 x 17. Aquí, gorriones

recorren su pronóstico antes de llegar al roble quemado

(estilo de principios de una temporada donde la nieve

raspó desde abajo la esfera disco de este mundo brillante).

Contaminación lumínica. Otro + otro concepto, ambos errados.

Un microsol cerebral cultiva vegetales en invernadero

ante crisis ecológica para que sean posibles 2 poemas.

Algunos adolescentes pecosos se masturbaron antes

de golpear a un mendigo, aunque eso es algo

que resulta un mensaje de paz para las matrimonios más agresivos.

La estación de metro 8K (8 Kilómetros me separan ahora

de la estación del mundo), se mueve más allá del vagón

donde los niños lloraban pidiendo preguntas, nunca respuestas,

cráneos de pez, y la estación muta

más allá de la cabeza que la observa. La realidad

es más persona que quien piensa en ella. Nadie o nada

preceden al dolor en el cuerpo: llave de judo contra uno mismo

y ejecutada desde dentro. Monóxido de carbono:

color negro para tildar una frase donde toda vocal se acentúa:

la muchacha que no estaba no puede regresar. Nosotros

(o sea yo + yo + yo + yo + más la noche partida en mi cabeza)

tampoco volvimos a un lugar donde todas las preguntas

que no hicimos fueron contestadas con otras preguntas:

la muchacha es un tachón, pero no sobre el papel

sino sobre la punta del lápiz. Algo acude para protegernos del llanto

que nada es capaz de producirnos: todo ha muerto,

menos la sensación de aproximarse a un vacío. Ningún amor

que no era, puede ser, pero tampoco es necesario

afilar un lápiz y escribir sobre las salientes de su punta,

como si se tratara de montañas. Problemas de perspectiva

que se remedian dejando (ni atrás, ni adelante, sólo dejando)

lo que no estaba bajo llave. Los seres que antes y después

de no estar, no estaban: merecen un aplauso. La muchacha

mira hacia atrás que es hacia delante: y no ve nada.

Nadie la ha visto y no es un error de conducta. El proceso

era reflexionar haciendo: una botella arrojada a un mar de hierro

imaginado para la ocasión. ¿Y tú que ves? Yo veo

una simulación donde, de manera imprecisa, un geógrafo

apela al territorio para reconstruir la vida arruinada,

pero cualquier comienzo, si hay que improvisar, es un rostro

que sangra bajo una oscuridad que puede deducirse por contexto.

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