“Obsoleto” (fragmento de “Fantasmas”), por CHUCK PALAHNIUK

Chuck Palahniuk - Damned (v3.0)

Un relato del señor Whittier

Para sus últimas vacaciones familiares, el padre de Eve los metió a todos en el coche y les dijo que se pusieran cómodos. Que aquel viaje podía llevarles un par de horas, tal vez más.

Tenían aperitivos, palomitas de queso y latas de refrescos y patatas fritas sabor barbacoa. El hermano de Eve, Larry, y ella misma estaban sentados en el asiento de atrás con su boston terrier, Risky. En el asiento delantero, su padre dio la vuelta a la llave para encender el motor. Puso la ventilación al máximo y abrió todas las ventanillas eléctricas. Sentada a su lado, la futura ex madrastra de Eve, Tracee, dijo:

–Eh, niños, escuchad esto…

Tracee blandió un panfleto del gobierno titulado Emigrar es genial. Lo abrió, doblando el lomo hacia atrás para darlo de sí, y empezó a leer en voz alta: «La sangre usa hemoglobina».Leyó: «Para transportar moléculas de oxígeno de los pulmones a las células del corazón y el cerebro».

Unos seis meses antes, todo el mundo había recibido aquel mismo panfleto por correo de parte de la Dirección General de Salud Pública. Tracee se quitó las sandalias con los pies y puso los dedos de los pies sobre el salpicadero. Leyendo en voz alta dijo: «La hemoglobina prefiere realmente mezclarse con el monóxido de carbono». La forma en que hablaba, como si su lengua fuera demasiado grande, se suponía que tenía que darle un aire juvenil. Tracee leyó: «Cuando respiras humo del tubo de escape de un coche, más y más de tu hemoglobina se combina con el monóxido de carbono, formando lo que se conoce como “carboxihemoglobina”».

Larry le estaba dando palomitas de queso a Risky, llenando todo el asiento entre Eve y él de polvo de queso de color naranja brillante.

Su padre encendió la radio y dijo:

–¿Quién quiere música? –Miró aLarry por el espejo retrovisor y dijo–: Vas a hacer que ese perro vomite.

–Genial –dijo Larry, y le dio a Risky otro puñado de palomitas de color naranja brillante–. Lo último que veré es la parte de dentro de la puerta del garaje y la última canción que oiré es una de The Carpenters.

Pero no se oía nada. Hacía una semana que la radio no ponía nada.

El pobre Larry, el pobre aficionado al rock gótico, con manchas de maquillaje negro por toda su cara empolvada de blanco, con las uñas pintadas de negro y el pelo largo y greñudo teñido de negro, comparado con la gente a la que realmente le habían sacado los ojos los pájaros, con la gente muerta de verdad a los que se les retraían los labios dejando al descubierto los enormes dientes muertos, comparado con la muerte de verdad, Larry no parecía otra cosa que un payaso de cara triste.

Pobre Larry, se había pasado varios días en su cuarto después del último reportaje de portada de Newsweeek:«¡Estar muerto está de moda!».

Todos aquellos años que Larry y su banda se habían pasado vestidos de zombis o de vampiros con ropa de terciopelo negro y arrastrando mortajas sucias, paseándose toda la noche por los cementerios enfundados en rosarios y capas, todo aquel esfuerzo había sido en vano. Ahora hasta las madres de los barrios residenciales estaban emigrando.Hasta las ancianas que iban a la iglesia estaban emigrando. Los abogados con trajes de ejecutivo estaban emigrando.

El reportaje de portada del último número de la revista Time llevaba por título: «La muerte es la nueva vida».

Ahora el pobre Larry está atrapado con Eve y su padre y Tracee, la familia entera está emigrando junta en un Buick de cuatro puertas aparcado en el garaje de una casa suburbana estilo rancho de dos plantas. Todos respirando monóxido de carbono y comiendo palomitas de queso con su perro.

Todavía leyendo, Tracee dice:«A medida que hay menos hemoglobina disponible para transportar oxígeno, tus células empiezan a asfixiarse y a morir».

Todavía había emisiones de televisión por algunos canales, pero lo único que ponían era el vídeo que había enviado a la Tierra la misión espacial a Venus.

Era el estúpido programa espacial el que había empezado todo esto. La misión tripulada para explorar el planeta Venus. La tripulación había enviado a la Tierra su vídeo de la superficie del planeta, la cara de Venus como un paraíso ajardinado. Después,el accidente no se debió al desprendimiento de los paneles de aislamiento ni ala rotura de las arandelas de goma ni a un error del piloto. No se trató de un accidente. La tripulación simplemente decidió no desplegar los paracaídas de aterrizaje. Tan rápido como un meteorito, el casco exterior de su nave espacial se incendió. Estática y… fin.

Igual que la Segunda Guerra Mundial nos dio el bolígrafo, el programa espacial había demostrado que el alma humana era inmortal. Que lo que todo el mundo llamaba la Tierra no era más que una planta de procesamiento por la que todas las almas tenían que pasar. Un paso más de alguna clase de proceso de refinamiento. Igual que las torres de destilación que se usan para convertir petróleo crudo en gasolina o queroseno.Tan pronto como las almas humanas se han refinado en la Tierra, entonces nos reencarnaremos todos en el planeta Venus.

En la gran factoría en que se perfeccionaban las almas humanas, la Tierra era una especie de tambor giratorio. Como los que usa la gente para pulir piedras. Todas las almas venían aquí para limarse las aristas entre sí. Todos estábamos destinados a desgastarnos mediante toda clase de conflictos y dolores. A pulirnos. Nada de todo esto era malo. No se trataba de sufrimiento, se trataba de erosión. No era más que otro paso básico e importante en el proceso de refinamiento.

Sí, parecía una chifladura,pero estaba el vídeo que habían enviado a la Tierra los miembros de aquella misión espacial que se había estrellado a propósito.

Lo único que ponían por televisión era aquel vídeo. Mientras el vehículo de aterrizaje de la misión orbitaba cada vez más bajo, sumergiéndose en el interior de las capas de nubes que cubrían el planeta, los astronautas enviaban aquellas imágenes de gente y animales viviendo como amigos y donde todo el mundo sonreía tanto que parecía que les brillaban las caras. En el vídeo que enviaron los astronautas, todo el mundo era joven. El planeta era un Jardín del Edén. En aquel paisaje de bosques y océanos, de prados de flores y montañas altas, siempre era primavera, dijo el gobierno.

Después de aquello, los astronautas se negaron a desplegar los paracaídas. Se tiraron en barrena, pum,contra las flores y los dulces lagos de Venus. Lo único que quedó fueron unos cuantos minutos de vídeo borroso que enviaron a la Tierra. Lo que parecían modelos de pasarela vestidas con túnicas resplandecientes en un futuro de ciencia ficción. Hombres y mujeres de piernas largas y de pelo largo,despatarrados, comiendo uvas en las escaleras de los templos de mármol.

Era el paraíso, pero con sexo y bebida y el permiso total de Dios.

Era un mundo donde los DiezMandamientos eran: fiesta, fiesta, fiesta.

«Empezando por el dolor de cabeza y las náuseas –leyó Tracee en su panfleto del gobierno–, los síntomas incluyen un pulso cada vez más rápido mientras tu corazón intenta mandar oxígeno a tu cerebro moribundo.»

El hermano de Eve, Larry, nunca llegó a adaptarse a la idea de la vida eterna. Larry antes tenía un grupo llamado la Factoría de Muerte al Por Mayor. Y tenía una sola groupie, una guarra que se llamaba Jessika. Se hacían tatuajes entre ellos con una aguja de coser mojada con tinta. Eran tan vanguardistas, Larry y Jessika, que eran el margen mismo de los marginados. Y luego la muerte se volvió completamente convencional. Aunque ya no era suicidio. Ahora lo llamaban «emigración». La gente muerta y los cuerpos que se pudrían ya no eran cadáveres. Los montones apestosos e inflados de cuerpos, apilados alrededor de la base de los edificios altos, o bien envenenados y despatarrados en los bancos de las paradas de autobús,ahora se llamaban «equipaje». Nada más que equipaje dejado atrás.

Igual que la gente siempre veía la noche de fin de año como una especie de línea dibujada en la arena. Una especie de nuevo comienzo que en realidad no tenía lugar. Así era como la gente veía la emigración, pero solamente si emigraba todo el mundo.

Ahí estaba la prueba auténtica de la vida después de la vida. De acuerdo con las estimaciones del gobierno,1.760.042 almas ya habían sido liberadas y estaban viviendo un estilo de vida festivo en el planeta Venus. El resto de la humanidad tendría que continuar viviendo una larga serie de vidas y de sufrimientos antes de estar lo bastante refinadas como para emigrar. Dando vueltas y erosionándose en el Gran Tambor Giratorio.

Y luego el gobierno tuvo su gran idea:

Si toda la humanidad se moría al mismo tiempo, no quedarían úteros ni tampoco forma posible de reencarnar almas aquí en la Tierra.

Si la humanidad se extinguía,todos emigraríamos a Venus. Iluminados o no.

Pero… si quedaba atrás aunque fuera una sola pareja capaz de criar, el nacimiento de un niño haría que regresara un alma. A partir de únicamente un reducido grupo de gente, el proceso entero podía empezar de nuevo.

Hasta hacía un par de días, uno podía ver en televisión cómo el movimiento de emigración trataba con la gente que seguían resistiéndose. Se podía ver a la población retrógrada que no estaba enrolada en el movimiento siendo obligada a emigrar por Escuadrones de Asistencia a la Emigración, todos vestidos de blanco y armados con metralletas blancas y limpias. Pueblos enteros gritando, bajo bombardeos de saturación destinados a re ubicarlos en el siguiente paso del proceso. Nadie iba a dejar que una panda de palurdos forofos de la Biblia nos dejaran a los demás aquí, en el viejo y sucio planeta Tierra, el planeta que menos de moda estaba, cuando podíamos ir todos directamente al siguiente gran paso de nuestra evolución espiritual. Así que a los palurdos se les envenenó para salvarlos. A los salvajes africanos se les aplicó gas nervioso. A las hordas chinas se les tiró la bomba atómica.

Si ya les habíamos enseñado ala fuerza el flúor y a leer y escribir, ahora les podíamos enseñar a la fuerza la emigración. Si quedaba atrás aunque fuera solamente una pareja de palurdos,te podías convertir en su bebé inmundo e ignorante. Si quedaba sin emigrar aunque fuera una pandilla de salvajes comedores de arroz del Tercer Mundo, tu preciosa alma podía ser llamada de vuelta a la vida: para apartar moscas a manotazos y comer papilla en mal estado y salpicada de cagarros marrones de rata bajo el sol abrasador de Asia.

Y sí, claro, esto era una apuesta. Llevarse a todo el mundo a Venus al mismo tiempo. Pero ahora que la muerte había muerto, la humanidad realmente no tenía nada que perder.

Ese fue el titular de la última edición del New York Times: «La muerte ha muerto».

USA Today lo llamó: «La muerte de la muerte».

La muerte había sido desenmascarada. Como Santa Claus. O como el Ratoncito Pérez.

Ahora la vida era la única opción… pero ahora daba la impresión de ser una interminable… eterna… y perpetua… trampa.

Larry y la guarra de su rockera, Jessika, habían estado planeando escaparse. Esconderse. Ahora que la muerte había sido apropiada por la gente convencional, Larry y Jessika querían rebelarse permaneciendo vivos. Tendrían una carnada de niños. Se cargarían la evolución espiritual de la humanidad entera. Pero entonces los padres de Jessika le habían echado veneno para hormigas a su hija en la leche de los cereales del desayuno. Fin de la historia.

Larry dijo que quería asegurarse de que este mundo estuviera usado del todo antes de irse al siguiente.

Y su hermanita, Eve, le dijo:Crece. Le dijo que Jessika no era la última guarra fan del rock gótico que había en el mundo.

Y Larry se la quedó mirando,colocado y parpadeando a cámara lenta, y le dijo:

–Pues sí, Eve. La verdad es que Jesse lo era…

Pobre Larry.

Es por eso que cuando su padre dijo que se metieran todos en el coche, Larry se limitó a encogerse de hombros y se metió. Se sentó en el asiento trasero, llevando a Risky en brazos, a su boston terrier. No se molestó en abrocharse el cinturón de seguridad. No iban a ninguna parte. Por lo menos a ningún sitio físico.

Se trataba del equivalente dela espiritualidad New Age a cualquier panacea, desde el sistema métrico hasta el euro. Hasta las vacunas de la polio… el cristianismo… la reflexología…el esperanto…

Y no podría haber llegado en un momento mejor de la historia. La contaminación, la superpoblación. Las enfermedades, la guerra, la corrupción política, la perversión sexual, el asesinato y la drogadicción… Tal vez no fueran peores que en el pasado, pero ahora teníamos la televisión quejándose de todo ello. Un recordatorio constante. Una cultura de la queja. De andar siempre criticando y echando pestes… La mayoría de la gente nunca lo admitiría, pero llevaban desde que habían nacido echando pestes de todo. En cuanto les asomaba la cabeza a aquella sala de partos llena de luz, nada había estado bien. Nada había sido igual de cómodo ni había producido la misma sensación agradable.

El mero esfuerzo que costaba mantener con vida tu estúpido cuerpo físico, el mero hecho de encontrar comida y cocinarla y lavar los platos, el luchar contra el frío y bañarse y dormir, el caminar y el ir de vientre y los pelos enquistados, todo acababa siendo demasiado trabajo.

Sentada en el coche, mientras los respiraderos le echaban el humo en la cara, Tracee leía: «Mientras el corazón se te acelera más y más, se te cierran los ojos. Pierdes el conocimiento y te desmayas…».

El padre de Eve y Tracee se conocieron en el gimnasio y empezaron a hacer fisico culturismo para parejas.Ganaron un concurso, posando juntos, y se casaron para celebrarlo. La única razón de que no emigráramos hace meses es que ellos todavía estaban en la cúspide de su concurso. Nunca habían tenido tan buen aspecto ni se habían sentido tan fuertes. Les rompió el corazón descubrir que tener cuerpo –aunque fuera un montón de músculos bien definidos y protuberantes con solamente un dos por ciento de grasa corporal– era como ir en mula mientras el resto de la humanidad volaba a todo trapo en aviones Lear. Era como las señales de humo comparadas con el teléfono móvil.

La mayoría de los días, Tracee continuaba pedaleando en su bicicleta estática, a solas en la sala de aerobic enorme y vacía del gimnasio, pedaleando al ritmo de la música disco mientras le dedicaba gritos de apoyo a una clase de bicicleta que ya no estaba allí. En la sala de pesas, el padre de Eve se dedicaba a levantar pesas, pero se limitaba alas máquinas o a las pesas libres más ligeras, ya que no había nadie contra quien el padre o Tracee pudieran competir. Nadie para quien posar. Nadie a quien derrotar.

El padre de Eve solía contar este chiste:

¿Cuántos culturistas hacen falta para poner una bombilla?

Hacen falta cuatro. Un culturista para poner la bombilla y otros tres para mirar y decir: «¡La verdad,chaval, es que estás enorme!».

A su padre y a Tracee les hacían falta cientos de personas aplaudiendo, contemplando cómo posaban y se flexionaban sobre el escenario. Con todo, era innegable que, por muy perfeccionado que estuviera con vitaminas y colágeno y silicona, el cuerpo humano estaba obsoleto.

Lo gracioso era que la otra cosa que el padre de Eve solía decir era: «Si todo el mundo se tirara de un puente, ¿tú también te tirarías?».

Los expertos aconsejaban que este era el único momento de la historia en que podíamos permitir que tuviera lugar una emigración en masa. Que habíamos necesitado el programa espacial para proporcionarnos pruebas de la vida en el otro mundo. Que necesitábamos a los medios de comunicación para pasear aquella prueba por todo el mundo. Y que necesitábamos nuestras armas de destrucción masiva para asegurarnos de que no hubiera desacuerdos.

Si hubiera generaciones futuras, no sabrían lo que nosotros sabíamos. No tendrían las herramientas que teníamos nosotros para conseguir que esto pasara. Simplemente vivirían sus espantosas vidas físicas, comiendo cagarros de rata e ignorando que todos podíamos llevar una vida de placer en Venus.

Por supuesto, mucha gente presionaba para limitarse a tirar bombas nucleares sobre los que no obedecieran,pero vaporizar hasta la última islita tribal del Pacífico Sur había dejado nuestros silos de misiles vacíos. Y la radiación no emigró de la forma en quesería deseable. Un invierno nuclear se instaló sobre Australia solamente durante un par de meses. Llovió y murieron millones de peces, pero el clima y las mareas nos hicieron la putada de limpiar lo que nosotros habíamos ensuciado. Así se echó a perder todo aquel potencial de emigración, ya que Australia había obedecido al cien por cien durante los primeros seis meses.

Todo nuestro gas nervioso y nuestros virus letales, todas nuestras bombas atómicas y convencionales, todo fue decepcionante. Ni siquiera nos acercamos a aniquilar a la humanidad. La gente se refugiaba en cuevas. La gente deambulaba en camello por desiertos enormes y vacíos. Y cualquiera de aquella gente estúpida y atrasada podía follar. Un espermatozoide se junta con un óvulo y tu alma es chupada de vuelta a otra vida tediosa de comer, dormir y dejar que te queme el sol. En la Tierra: el Planeta Daño. El Planeta Conflicto. El Planeta Dolor.

Para los Escuadrones de Asistencia a la Emigración, con sus metralletas blancas y limpias, los objetivos de Prioridad A eran las hembras reticentes entre las edades de catorce y treinta y cinco. El resto de las hembras eran objetivos de asistencia de Prioridad B. Todos los hombres reticentes eran Prioridad C. Si se estaban agotando las balas, el equipo vestido de blanco podía dejar una aldea entera de hombres y mujeres ancianas con vida para que envejecieran y emigraran por causas naturales.

A Tracee siempre le preocupaba ser un objetivo de Prioridad A, o sea, que la ametrallaran de camino al gimnasio. Pero la mayoría de los escuadrones estaban en el campo o en las montañas, en sitios donde podía esconderse gente retrasada, de esa que tenía hijos.

Los estúpidos más estúpidos podían hacer descarrilar por completo tu evolución espiritual. No era justo.

Todos los demás, millones de almas, ya estaban en la fiesta. En el vídeo de Venus se veían las caras de gente famosa que habían sufrido lo bastante en la Tierra y no tenían que regresar para vivir otra vida en ella. Se veía a Grace Kelly y a Jim Morrison.A Jackie Kennedy y a John Lennon. A Kurt Cobain. Y esos eran los que Eve podía reconocer. Estaban todos en la fiesta, con aspecto joven y feliz, para siempre.

Entre los famosos muertos deambulaban animales ya extinguidos en la Tierra: palomas migratorias,ornitorrincos, dodos gigantes.

En las noticias de la televisión, los famosos eran aplaudidos en el momento de emigrar. Si aquella gente, las estrellas de cine y los grupos de rock, podían emigrar por el bien general de la humanidad, aquella gente que tenía dinero y talento y fama, que tenía tantas razones para quedarse aquí, si ellos podían emigrar, cualquiera podía.

En el último número de la revista People, el artículo central era el «Crucero a la nada de los famosos».Miles de las personas más guapas y mejor vestidas, diseñadores de moda y super modelos,magnates del software y atletas profesionales, se subieron al Queen Mary II y zarparon,bebiendo y bailando, navegando hacia el norte por el océano Atlántico, a toda máquina, en busca de un iceberg contra el que chocar.

Vuelos chárter privados chocaban contra montañas.

Autobuses turísticos se tiraban desde acantilados sobre el océano.

Aquí en Estados Unidos, la mayoría de la gente iba a un Wal-Mart o a un Rite Aid y se compraba los Kits de Partida. Los kits de la primera generación traían barbitúricos envasados en una bolsa de plástico del tamaño de una cabeza con un cordel para atársela en torno al cuello. La siguiente generación de kits llevaba una pastilla de cianuro masticable con sabor a cereza. Había tanta gente que se dedicaba a emigrar allí mismo en el pasillo de la tienda –a emigrar sin pagar por sus kits– que Wal-Mart puso los kits detrás del mostrador de atención al cliente junto con los cigarrillos y te hacía pagar primero antes de darte uno. Cada dos minutos,un anuncio emitido por megafonía pedía a los clientes que fueran educados y no emigraran mientras estuvieran en el recinto de la tienda… Gracias.

Ya desde el principio, alguna gente impulsó lo que llamaban el Método Francés. Su idea era limitarse a esterilizar a todo el mundo. Primero mediante cirugía, pero se tardaba demasiado. Después exponiendo los genitales de la gente a una radiación concentrada. Con todo, para entonces todos los médicos habían emigrado. Los médicos fueron los primeros en desertar. Los médicos, sí, es cierto, la muerte era su enemiga, pero sin ella estaban perdidos. Destrozados. Sin médicos, eran los conserjes los que irradiaban a la gente. Y la gente acabó toda quemada. Y la red eléctrica falló. Fin.

Para entonces, toda la gente guapa y sofisticada había emigrado con cianuro en el champán en glamourosas «Fiestas de Bon Voyage». O se cogían de la mano y saltaban desde fiestas en áticos de rascacielos. La gente que ya estaba un poco cansada del mundo, todas aquellas estrellas de cine y super atletas y grupos de rock. Las super modelos y los multimillonarios del software, ya se habían marchado al cabo de la primera semana.

Todos los días el padre de Eve llegaba a casa diciendo quién ya no estaba en su oficina. Quién había emigrado del vecindario. Era fácil saberlo. El césped del jardín les crecía demasiado.El correo y los periódicos se les amontonaban frente a la puerta. Siempre tenían las cortinas echadas, nunca encendían las luces y uno paraba por delante y notaba un olor dulzón, como a fruta o carne que se estuviera pudriendo dentro de la casa. El aire estaba abarrotado de moscas negras.

La casa de al lado, la casa delos Frink, estaba así. También la casa de delante de la nuestra.

Durante las primeras semanas fue divertido: Larry iba al centro a aporrear su guitarra eléctrica él solo sobre el escenario del auditorio del Civic Theater. Eve podía usar todo el centro comercial como su armario privado. No había escuela y no la habría nunca, nunca más.

Pero se notaba que su padre ya se estaba cansando de Tracee. A su padre nunca se le había dado bien lo que venía después del inicio romántico. En circunstancias normales, aquel habría sido el momento en que empezaban las infidelidades. En que encontraba a una churri nueva en la oficina. En cambio, se dedicaba a ver imágenes de Venus en televisión, prestando mucha atención, casi tocando con la nariz la pantalla cuando se podía distinguir a la gente, a grupos de aquellos y aquellas super modelos hermosos, desnudos y amontonados o bien ensartados en una larga cadena de penetraciones. Lamiendo vino tinto del cuerpo de los demás. Follando sin reproducción ni enfermedad ni maldición divina.

Tracee estaba haciendo una lista de gente famosa de la que quería hacerse amiga íntima en cuanto la familia llegara. A la cabeza de su lista estaba la Madre Teresa.

Llegado este punto, hasta las madres agobiadas estaban reuniendo a sus hijos y chillando que todo el mundo se diera prisa y se bebiera su leche envenenada para llegar de una puñetera vez al siguiente paso de la evolución espiritual. Ahora incluso la vida y la muerte eran fases por las que uno pasaba a toda prisa, igual que los maestros mandaban a los alumnos de un curso a otro y a la graduación, sin importar cuánto aprendieran o dejaran de aprender. Una enorme competencia febril para llegar ala iluminación.

Ahora, en el coche, con una voz cada vez más grave y ronca como resultado de inhalar el humo, Tracee leyó:«Mientras las células de tus válvulas cardíacas empiezan a morir, las dos mitades del corazón, que se llaman “ventrículos”, se vuelven lentos y bombean cada vez menos sangre por el cuerpo…».

Tosió y siguió leyendo. «Sin sangre, el cerebro deja de funcionar. Y al cabo de unos minutos emigras», y Tracee cerró el panfleto. Fin.

El padre de Eve dijo:

–Adiós, planeta Tierra.

Y el boston terrier, Risky,vomitó palomitas de queso por todo el asiento trasero.

El olor a vómito de perro y el ruido que hacía Risky al comérselo de nuevo eran peores todavía que el monóxido de carbono.

Larry miró a su hermana, con manchas de maquillaje negro en torno a los ojos, parpadeando a cámara lenta, y dijo:

–Eve, saca a tu perro fuera para que vomite.

En caso de que la familia ya se hubiera marchado cuando ella volviera, su padre le dijo que había un Kit de Partida en la encimera de la cocina. Y le dijo a Eve que no se entretuviera mucho. Que la estarían esperando en la gran fiesta.

La futura ex madrastra de Eve dijo:

–No dejes la portezuela abierta para que se salga el humo –dijo Tracee–. Quiero emigrar, no sufrir lesiones cerebrales.

–Demasiado tarde –dijo, y tiró del perro hasta el jardín. Allí el sol seguía brillando. Los pájaros construían sus nidos, demasiado tontos para saber que este planeta ya no estaba de moda.Las abejas hurgaban dentro de las rosas abiertas, ignorantes del hecho de que toda su realidad estaba obsoleta.

En la cocina, sobre la encimera y al lado del fregadero, había un Kit de Partida, con su tableta de plástico llena de pastillas de cianuro. Era de un sabor nuevo, limón. Envase familiar.Impreso en el reverso del cartón, había un dibujito. Que mostraba un estómago vacío. La esfera de un reloj contaba tres minutos. Y luego el alma del dibujito se despertaba en un lugar cómodo y placentero. En el siguiente planeta. Evolucionada.

Eve sacó una pastilla de color amarillo brillante con una carita sonriente impresa en color rojo. No importaba si usaban aquella clase de tinta roja que era tóxica. Eve sacó todas las pastillas. Se llevó las ocho al cuarto de baño y las tiró por el retrete.

El coche seguía con el motor encendido dentro del garaje. A través de una ventana, de pie sobre una silla de jardín, Eve pudo ver las cabezas caídas en el interior. Su padre. Su futura ex madrastra. Su hermano.

En el jardín, Risky estaba husmeando la rendija abierta de debajo de la puerta del garaje, olisqueando el humo del interior. Eve le dijo que no. Lo llamó para que se alejara de la casa y regresara a la luz del sol. Allí, con el vecindario en silencio salvo por el canto de los pájaros y el zumbido de las abejas, el jardín ya parecía descuidado y necesitaba que cortaran el césped. Sin el ruido de las cortadoras de césped ni de los aviones y las motocicletas, el canto de los pájaros sonaba tan fuerte como antes solía sonar el tráfico.

Después de tumbarse sobre el césped, se subió los faldones de la camisa y dejó que el sol le calentara la barriga. Cerró los ojos y se frotó en círculos lentos con las yemas de los dedos de una mano en torno al ombligo.

Risky ladró una vez, dos.

Y una voz dijo:

–Eh.

Había una cara asomada por encima de la cerca del jardín de al lado. Pelo rubio y granos rosados, un chaval de la escuela llamado Adam. De antes de que cerraran todas las escuelas. Adam agarró con los dedos el borde superior de la cerca de madera y se dio impulso hacia arriba hasta tener los dos codos apoyados sobre la misma. Con la barbilla apoyada en las manos, Adam dijo:

–¿Te has enterado de lo de la novia de tu hermano?

Eve cerró los ojos y dijo:

–Esto suena raro, pero la verdad es que echo de menos la muerte…

Adam proyectó una pierna hacia un lado para pasar el pie por encima de la cerca. Y dijo:

–¿Tu familia ya ha emigrado?

En el garaje, el motor del coche tosió y le falló un cilindro. Un ventrículo que se volvía lento. Dentro del cristal de la ventana, el aire del garaje estaba lleno de nubes movedizas de humo gris. Volvió a fallar un cilindro y el motor se quedó en silencio. Nadase movía en el interior. La familia de Eve acababa de convertirse en el equipaje que habían dejado atrás.

Y despatarrada bajo la luz del sol, notando cómo la piel se le tensaba y se le enrojecía, Eve dijo:

–Pobre Larry. –Sin dejar de frotarse en círculos alrededor del ombligo.

Risky se acercó a la cerca y se quedó de pie junto a la misma, mirando hacia arriba, mientras Adam pasaba primero una pierna y luego la otra por encima y luego saltaba al jardín. Adam se inclinó para acariciar al perro. Rascando debajo de la barbilla del perro, Adam dijo:

–¿Les dijiste que estábamos embarazados?

Y Eve no dice nada. No abre los ojos.

Adam dijo:

–Si hacemos que empiece otra vez la especie humana, nuestros padres van a coger un cabreo…

El sol estaba casi en lo alto del cielo. Aquel ruido que parecía de coches no era más que el viento que soplaba por el vecindario vacío.

Las posesiones materiales estaban obsoletas. El dinero era inservible. El estatus social no tenía sentido.

Sería verano durante tres meses más y había un mundo entero de reservas de comida enlatada. O sea, si el Escuadrón de Asistencia a la Emigración no la ametrallaba por reticente. Siendo un objetivo de Prioridad A. Fin.

Eve abrió los ojos y miró el punto blanco que había cerca del horizonte azul. El Lucero del Alba. Venus.

–Si tengo este bebé –dijo Eve–,espero que sea… Tracee.

 

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