“La comida que tú comes y las cosas que tú piensas”, por FRANCIS SCOTT FITZGERALD

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Querido Bob,

Tu carta me sulfuró a tal punto que te contesto de inmediato. ¿Cuál es toda esa “verdadera gente” que “genera negocios y política” y cuya aprobación debería codiciar tanto? ¿Te refieres a los especuladores que acumulan azúcar en sus depósitos para que la gente tenga que abstenerse, o a los canallas que gracias al soborno y la preparación universitaria se las arreglan para manejar elecciones? Ni siquiera puedo levantar el diario sin ver que alguna de esa “verdadera gente”, a la que no se conforma sólo con “una mente brillante” (te cito), acaba de irse una temporada a Sing Sing. Brindell y Hegerman, dos pilares de la sociedad, salieron esta mañana.
¿Quién demonios respetó alguna vez a Shelley, Whitman, Poe, O’Henry, Verlaine, Swinburne, Villon, Shakespeare, etc. cuando estaban vivos? A Shelley y a Swinburne los echaron del colegio; Verlaine y O’Henry estuvieron presos. El resto fueron borrachos o libertinos, algo que la gente decente no toleraría, según les decían regularmente los comerciantes, los políticos insignificantes y los mesías baratos de la época. Los mercaderes, y mesías, los astutos y los obtusos, son polvo… y los otros siguen viviendo.
Ocasionalmente, un hombre como Shaw -a quien llamaron un inmoral cincuenta veces peor que yo en los 90- vive lo suficiente como para que el mundo crezca y se ponga a su altura. Lo que él creía en 1890 era una herejía en ese entonces; ahora es casi respetable. Creo que me dejé dominar demasiado tiempo por “autoridades” -el director Newman, el de St. Paul, el de Princeton, mi jefe de regimiento, mi jefe en el trabajo- que no sabían más que yo. De hecho, diría que esos cinco eran claramente mis inferiores mentales. ¡Y eso es todo lo que cuenta! Los Rousseau, Marx y Tolstoi -hombres de pensamiento, te hago notar, hombres “imprácticos”, “idealistas”- hicieron más para decidir la comida que  comes y las cosas que  piensas y haces que todos los millones de Roosevelt y Rockefller que se pavonean 20 años balbuceando frases 100% americano (lo cual significa 99% pueblerino idiota) y mueren con una lisonjita complaciente al Dios ridículo y cruel que instalaron en su corazón.

Francis Scott Fitzgerald
Carta a Robert D.Clark
9 de febrero, 1921

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