“El pesa nervios”, por ANTONIN ARTAUD

Toda escritura es una cochinada.
Las gentes que huyen de la vaguedad para buscar la precisión de lo que pasa en su pensamiento, son unos cerdos.
Toda la gente literaria es cerda, en especial la de este tiempo. Todos los que tienen puntos de referencia en el espíritu, quiero decir de un cierto lado de la cabeza, sobre sitios bien localizados en su cerebro; todos los que son dueños de su lengua; todos para quienes las palabras tienen un sentido; todos aquellos para quienes existen alturas en el alma y corrientes en el pensamiento; todos los que son espíritus de época y han bautizado estas corrientes de pensamiento (pienso en sus tareas precisas y en este chirrido de autómata que lleva a todos los vientos su espíritu) -son unos cerdos.
Aquellos para quienes ciertas palabras tienen un sentido, y ciertas maneras de ser; aquellos que afectan tan bien sus maneras; aquellos para quienes los sentimientos poseen categorías y discuten sobre un grado cualquiera de sus clasificaciones hilarantes; aquellos que creen todavía en los “términos”, aquellos que ponen en movimiento ideologías habiendo adquirido un rango en la época; aquellos cuyas mujeres hablan tan bien y estas mujeres de igual manera hablan tan bien y hablan de las corrientes de la época; aquellos que creen aún en una orientación del espíritu; aquellos que siguen vías, que agitan nombres, que hacen gritar las páginas de los libros, ésos -son los peores cerdos.
¡Pero con qué gratuidad habla, joven!
No, pienso en los críticos barbudos.
Y se los he dicho: nada de obras, nada de lengua, nada de palabra, nada de espíritu, nada.
Nada, sino un bello Pesa Nervios. Una suerte de estación incomprensible y erguida en medio
de todo en el espíritu.
Y no esperen que yo les nombre este todo: En cuántas partes se divide, que les diga su peso, que yo camine, que me ponga a discutir sobre este todo, y, discutiendo, me pierda y me ponga así, sin saberlo, a PENSAR -y que ilumine, que viva, que se engalane de una multitud de palabras, muy bien restregadas de sentido, todas distintas, y capaces de poner al día todas las actitudes y todos los matices de un sensibilísimo y perspicaz pensamiento.
Ah, estos estados que no se nombran nunca, estas situaciones eminentes del alma, ah estos intervalos del espíritu, ah estas pequeñísimas fallas que son el pan cotidiano de mis horas, ah este pueblo hormigueante de datos –son siempre las mismas palabras que me sirven y en verdad no tengo el aire de desplazar demasiado en mi pensamiento, pero en realidad lo desplazo más que ustedes, barbas de asnos, cerdos pertinentes, dueños del falso verbo, despachadores de retratos, folletinistas, planta baja, herbajeros, entomólogos, llaga de mi lengua.
Se los he dicho: ya no tengo mi lengua; no es razón para que ustedes persistiesen, para que ustedes se obstinasen en la lengua.
¡Vamos! en diez años seré comprendido por las gentes que harán lo que hoy hacen ustedes. Se conocerán entonces mis géisers, se verán mis hielos, se habrá aprendido a desnaturalizar mis venenos, se revelarán mis juegos de almas.
Y serán entonces derramados todos mis cabellos en la cal, todas mis venas mentales, se percibirá mi bestiario y mi mística se habrá vuelto un sombrero. Se verá humear la juntura de las piedras y arborescentes ramos de ojos mentales se cristalizarán en glosarios, se verán entonces caer los aerolitos de piedra, se verán cuerdas, se comprenderá la geometría sin espacios, y se aprenderá lo que es la configuración del espíritu, y se comprenderá cómo perdí el espíritu.
Se comprenderá por qué mi espíritu no está allí, se verá a todas las lenguas secarse, a todos los espíritus desecarse, a todas las lenguas endurecerse, las figuras humanas se aplanarán, se desinflarán como aspiradas por ventosas desecantes, y esta lubricante membrana seguirá flotando en el aire, esta lubricante y caústica membrana, esta membrana con dos espesores, con múltiples grados, con infinitas grietas, esta melancólica y vítrea membrana, pero tan sensible, tan pertinente también, tan capaz de multiplicarse, de desdoblarse, de regresar con su espejeo de grietas, de sentidos, de estupefacientes, de irrigaciones penetrantes y virulentas, todo esto entonces será bien visto, y no tendré ya necesidad de hablar.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s