“Café nocturno”, por GOTTFRIED BENN

 

824: vida y amor de las mujeres.
El violoncello se toma un trago. La flauta
eructa profundo en tres compases: la hermosa cena.
El tambor termina de leer una novela policial.

Dientes verdes, espinillas en la cara
le hace señas a una inflamación de párpado.

Grasa en el cabello
le habla a boca abierta con almendra faríngea
Fe, amor y esperanza alrededor del cuello.

Joven bocio quiere a nariz de dos bultos
La convida a tres cervezas.

Sicosis compra claveles.
Para ablandar a papada.

Bemol-menor: la Sonata N° 35.
Dos ojos lanzan un grito:
¡No derramen la sangre de Chopin en la sala,
para que la chusma la pise!
¡Basta! ¡Eh, Gigi! —

La puerta se desborda: una mujer.
Desierto calcinado. Marrón canaanita.
Virgen. Plena de cuevas. Se acerca un aroma.
Poco aroma.
Sólo es una dulce protuberancia del aire
contra mi cerebro.

Un cuerpo obeso con pasitos cortos salta detrás.

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