“DA – SEIN, 2da versión” por LEOPOLDO MARÍA PANERO

 “Ici, dit le jardinier du cimetière”, Jean Charles Lamb.
           “Levant le jour, ils adressent au soleil des prières 
              traditionelles, comme s’il le supliaient de paraître.”

                                                                       (GERARD WALTER, La communauté essenienne.)

                                                                                                     “Ein da-sein.”

                                                                         ALFRED MOMBERT

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La llave, la llave oscura
del fuerte dios, del pardo
dios cierra
mis ojos con su fuerte llave Miento, me
agito en vano y danzo como rota película
movida por el viento me encontra-
réis en la
siniestra humedad de un cubo
de basura, allá donde aún reposa
abyecto el secreto de la vida,
ciego,
nutriendo como un hijo al excremento y
soñando, soñando como el mar en el más puro,
en el intransigente ético perfecto
inalcanzable ideal de la muerte
allí están mis ojos vivo
vivo allá sin hilo a otro, como
interruptor exacto
de la luz en el mundo allí,
donde el espacio muerde
su esencial polvo, y el tiempo nos otorga
insensato instante de su paz total, vivo
peor que el suicidio, peor que
la tierna desesperación, y que cuanto
gime todavía suplicando innoble
a la sucia vida desde el fondo. Pero inventé un baile perfecto:
y aún sueño en eso, en purificar al mundo de sí mismo, e
igual que un loco, digo a todos: sabe
más la boca que el dolor de tus ojos
que nada saben, sabe
mentir la boca: y enseño, entre babas, balbuciente,
un rosario, y un niño que tiene en la mano la Tierra: y lo arrojo
así al suelo, a la flor de la basura, al lugar sin tiempo
en que delira conmigo el que fuera
Titán marino, el perfil

más bello del lago, el Mártir de la Cuerda,
Aquel
que vivió por mandato del Ojo la creación tal Infamia, y
al que llaman para reírse de él Initiator: y es que no hay
sacrificio que no tenga por su hija a la Venganza,
y ésta hoy quiere
morder la fuerza que hace rodar las horas, y matar
al gusano, a la ridícula porcelana del Tiempo:
qué hombre no ha soñado;
qué hombre no ha soñado en abrasar el Templo
del universo y en llenar el aire
entero del cosmos de los hilos
de lluvia de la sangre, del vino
del Solo, de aquel a quien los ojos
le alucinan y a todos dice “soy”
el que no es, el Único
el caballero idéntico a su vanidad, el esclavo
de mi propio ídolo, el adorador de Otro, el Yo sin ley y todo
hombre animal o luna me es al filo del Destino
desconocido: y quizá Dios es también esa tortura,
si me padece: quizá es, si sabe al menos, si se sabe,
también un No perfecto y puro. Soy
virgen de los hombres y no tengo
sexo, como la nada, como el tiempo, como el Instante puro
en que Adonái cierre su mano para siempre y diga
nunca más en el incomprensible espacio, nevermore
nevermore, dicen
en la calle, al pasar, tantos ángeles
medio muertos, nevermore, repiten
sin alma los arcontes de un cielo que desprecio,
nunca
más, canta Dios en los abismos de lo alto,
nunca más soñaré que existo, ni daré
a los signos un sentido por su movimiento:

nunca más grita por fin a la
sed la tortura del Tiempo, la
siniestra tortuga, el Monstruo: nunca más, dice Él, porque
es también un ente sin espejo, porque
Dios es para sí mismo una pesadilla
que trata en vano, universo tras universo
de arrancarse de un tajo
la espina de la vida, el crucifijo
y de beber el Vino.

 

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